Aprendizajes del primer encargo
María, con 62 años, llegó a una aldea asturiana para cuidar una casa con gallinas, frutales y un perro nervioso. La primera tormenta la sorprendió sin saber dónde estaban las linternas, pero un vecino la guió con paciencia. Preparó pan casero, dejó notas cariñosas y, al marcharse, recibió una cesta de sidra. Entendió que la confianza se riega con detalles, escucha atenta y gratitud explícita, día tras día.